Influencia de la gastronomía en el turismo

La gastronomía tiene un gran valor en el desarrollo del turismo. Tal vez el mayor descubrimiento que íntimamente mas desea el turista es el de conocer el sabor de la cocina del país visitado. Al regresar el turista a su país de origen siente como especial orgullo o interés por referir a sus amistades los platos típicos que saboreo y disfrutó. Es que a través de los platos de cada región, nos vamos internando en la vida y costumbres de sus habitantes y es que en el fondo esto es lo que desea el turista. Turismo es descubrir, conocer y disfrutar indiscutiblemente que la gastronomía y el folklore forma parte esencial del turismo.

Tanto el folklore como gastronomía están por fuerza en la agenda del turista; el folklore le atrae, le divierte, lo acerca al acervo cultural del sitio visitado y la comida le permite el hallazgo del placer que produce lo nuevo, lo desconocido y lo delicioso.

La gastronomía y el folklore venezolanos son muy ricos; tenemos deliciosos y apetitosos platos así como variados folklore. Ambos identifican cada región del país y todas son sismología e identificación nacional: un hallaca o el joropo «Alma llanera» simbolizan a Venezuela como una arepa andina o un casabe oriental y un valse andino o un tamunangue larense también son simbología venezolana. Los venezolanos cuando en su turismo interno cambian de región, o los extranjeros cuando nos visitan, no disimulan la alegría que les produce saborear los platos criollos o la emoción de danzar o escuchar la variada música de nuestras regiones o la tentación de adquirir nuestras obras pictóricas o artesanales.

En general nuestra cocina tiene pocas diferencias a través del país. Algunas sutiles, otras más notorias. El perico, o revoltillo de huevo, por ejemplo, aún con iguales ingredientes es diferente en San Cristóbal y en Caracas su textura y grado de cocimiento no es igual. Es más húmedo el primero. La hallaca tiene versiones peculiares en cada región. El mondongo caraqueño no es igual al de Oriente o al de los Andes, tampoco el mute larense, pero todos están unificados por el citado «sabor nacional». Tratemos de impedir que la influencia extranjera apoque la tradición alimenticia autóctona pues esta es parte del simbolismo nacional y es deber defenderla como acervo cultural.

Por: Gabriel Olaya

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